Make Paris Great Again by Chanel

En 1930 Hemingway olvidó en hotel Ritz de París un portaequipajes de Louis Vuitton. Éste dormitó en el sótano del edificio durante más de veinte años hasta que su legítimo dueño pudo recuperarlo. Cuenta la anécdota que Hemingway estaba comiendo allí cuando un responsable de hotel se acercó y le informó sobre la existencia del portaequipajes, que fue rescatado de las entrañas del hotel. Dentro se hallaban las notas autobiográficas que se convertirían en el título póstumo del escritor, Paris est une fête (París era una fiesta, en la versión en castellano).

El 13 de noviembre de 2015, 50 años exactos después de la publicación de la última obra de Hemingway, el corazón de la capital francesa sufría el peor ataque terrorista de su historia. Como respuesta al estremecimiento que recorría el país, el título de Hemingway sería reivindicado como recordatorio necesario de la auténtica identidad parisina, tan ligada a la libertad individual y artística, sensible a debilitarse por el miedo. Paris est une fête fue escrito en los tiempos en los de Gertrude Stein, Ezra Pound o Scott Fitzgerald, y alrededor de estas figuras retrata el pulso de la ciudad en los años 20.

Creo que me repito constantemente en las entradas de este blog defendiendo el carácter político de la moda, y la mayoría de las veces pienso que la claridad del mensaje se diluye en las palabras. Cuando digo que la moda es política pienso en las relaciones socioeconómicas que se derivan de su proceso de diseño, y de la gestión de su producción, cómo el derecho internacional y el mercado influyen en ella desde que un diseñador belga con formación de arquitecto rasga el papel con el lápiz, hasta que en rebajas las prendas de Inditex alfombran el suelo de sus establecimientos. Pero también en cómo cada ciclo de la moda se inscribe en un contexto histórico e interactúa con la sociedad de su época, o mejor dicho, sirve de modo de interactuación para la sociedad de su época. Pero también existe la posibilidad de que la moda tenga intencionalidad política de forma deliberada.

Karl Lagerfeld decidió convertir Paris Cosmopolite, la colección Pre Fall 2017 de Chanel, en una reivindicación de la esencia parisina entendida como la alegría del lujo, el orgullo de lo elitista y exquisito. Escogió el hotel Ritz, como escenario para su presentación. Un lugar que no sólo sirvió para almacenar la obra de Hemingway, sino que fue casa de Gabrielle Chanel durante más de treinta años hasta la fecha de su muerte. Al hacer regresar Chanel al Ritz, Lagerfeld le hace volver al hogar, reclama una parte de su identidad para una colección que es un auténtico himno nacional en contra del miedo, una llamada al orgullo parisino, al lujo, la sofisticación y la alegría del chic parisino.

A veces el azar funciona así. Dos textos, el de Hemingway y la colección de Lagerfeld, que sirven a un mismo propósito; insuflar aliento al carácter parisino, y que nacen, por casualidad, en un mismo lugar, el hotel Ritz. Y así, Chanel era también una fiesta. Una fiesta con música, baile, con varias generaciones de modelos en un casting que reflejaba la intención de Chanel de encarnar el signo de un tiempo cambiante. Una intención que no estaba tan clara en las prendas, que se valían de las viejas siluetas de los años 20 y 30, de una sofisticación anticuada, para romper una lanza por el París de hoy.

Los tiempos cambian, así lo hacen también las ciudades y el concepto de lujo. Tal vez París también merezca sobrevivir a su propio retrato de elegancia, identificarse con su imagen contemporánea, que se le reconozca su valor en el mundo de hoy, no en el de antaño. Chanel, sin embargo, parece haberse quedado por detrás de esta ola. Su gramática está prestada de otra época, la silueta ignora al cuerpo y sus necesidades, permanece inmune al movimiento. Algunas salidas parecen obras pictóricas, retratos de nobles del siglo XVI, como Isabel Clara Eugenia sepultada bajo capas de tejido, color negro y perlas en un retrato de Rubens.

Chanel Métiers d'Art 2016
Chanel Métiers d’Art 2016
Hace tiempo, desde que Chanel adquiriese los talleres de alta costura ya en tiempos de Lagerfeld, que su moda se basa en el virtuosismo de las manos de sus artesanos. La necesidad del manierismo, casi a extremos de horror vacui, los bordados maravillosos, las incustraciones y los brochados, precisan de telas gruesas y rígidas que soporten su peso. Los tejidos acaban haciendo un efecto pantalla, que oculta el cuerpo y que se aleja de los cánones de liberación femenina y comodidad que inspiraron la moda Chanel en sus albores.

Enfrascada en sus propios códigos, en una revisión infinita, parece no hacer pie en la realidad del mundo. Lagerfeld, que nació en Hamburgo tres años después de que Hemingway olvidase su equipaje en el subsuelo del Ritz, lleva más de treinta al frente de la dirección creativa de la maison. Es un hombre de orígenes acomodados, culto, letrado, excelentemente asesorado, y todo un superviviente. En un tiempo en el que las relaciones son frugales entre diseñadores y firmas, no hay nadie que parezca poder apartarlo del que es probablemente el trono más codiciado y exigente de la industria de la moda. Todo a pesar de las palabras del presidente de moda de la maison, Pavlosky, quien ha declarado que la firma necesita más agilidad para afrontar los cambios del mundo actual, después de una bajada de las ventas en el mercado europeo tan sólo compensada con la apertura al mercado asiático. Dicha apertura basó la globalización de los precios de Chanel en una igualación por arriba de los precios en el mercado europeo. Unas decisiones que tal vez sólo serían posibles gracias a la independencia de la firma en su gestión, en una época en la que casi todas las marcas premium o de lujo pertenecen a grandes holdings de lujo que dirigen sus actividades y estructuras corporativas.

Un superviviente a pesar de que los rumores de su inminente retirada sacuden las redacciones de moda, que acumulan decenas de borradores para cubrir el acontecimiento. Todos pensamos que sería Cuba la fecha indicada, el primer desfile de la firma en la isla, coincidiendo en el tiempo con la retirada del bloqueo económico por parte de Estados Unidos. Pero nos equivocamos. Lagerfeld ha sobrevivido también a Fidel, y no parece pensar en la jubilación. Se mantiene a flote en estos tiempos convulsos y de crisis sociopolítica, intentando asimilarlos y hacer que Chanel siga significando algo en ellos. Pero que la nueva etapa de la historia se haga factible en el mundo de la moda pasa, necesariamente, por el cambio de rumbo en Chanel.

Make Paris Great Again by Chanel

La transición dulce de Dior

Un entierro digno. Una transición dulce. Es así como la casa Dior quiere pasar el trámite hasta el siguiente gran nombre propio que tome las riendas creativas de la casa, con este desfile de la semana de la Alta Costura de París para el próximo invierno 2016-2017 lo atestigua. Dior quiere seguir cumpliendo con las expectativas mínimas, con el manido concepto de excelencia para su elitista clientela, pero se conforma con el susurro, pasan casi de puntillas las más de cuarenta modelos que calzan sandalias planas en cada salida, no es el momento de apostar por rotundas manifestaciones creativas. Y sin planearlo, al bajar la voz, al pisar con discreción, nace de las entrañas de la maison su verdadera identidad, una nueva dialéctica en la que desarrollar su concepto creativo apropiada para estos días de oleaje. Meier y Ruffieux han enterrado el maestro, han tomado de la mano la firma como si fuese un niño pequeño al que delicadamente ayudan a subir un gran escalón que siempre le ha resultado tortuoso; el de la cohabitación de la mujer en el escenario del siglo XXI.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD.

La abrupta expulsión del gibraltareño John Galliano obligaba a la casa Dior a encontrar contrarreloj una cabeza creativa capaz de sustituirle en las nostálgicas reinvenciones de las colecciones del diseñador. No era tarea fácil. El genio de Galliano provocó lágrimas entre los asistentes con las salidas de algunos de sus desfiles. Arquitectónico, histriónico, complejo y riguroso heredero de la tradición del maestro Dior, recubría de dramatismo la feminidad excesiva. En 2012 la maison cedió a Raf Simons, un diseñador belga de 45 años, el peso y la vertiginosa responsabilidad de adentrar a Dior en el presente, obligándole a lidiar con una familia política dura, la de las veteranas costureras que con sus manos moldeaban los sueños de Galliano para Dior.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD

El pulso de un Simons melómano se deslizó sobre el papel en líneas minimalistas. Quiso croptops y vaporosas faldas plisadas para el clásico New Look y quiso monos espaciales. Conocedor en profundidad de la historia de la moda, tradujo a la gramática contemporánea los miriñaques de María Antonieta en sencillas y gráciles siluetas de blanco inmaculado. Convirtió el pequeño Lady Dior que enamorara a Diana de Gales en un básico indispensable, apropiándose de él y reversionándolo coreado por un aumento en las ventas, y conquistó a la nueva jet set de los jóvenes imperios del software de Austin y Silicon Valley, dotando a la alta costura de la casa de un valor en sí misma como producto, y no como espejismo publicitario con el que despachar perfumes.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD

La historia llegó a su fin en octubre del año pasado. Simons alegó motivos personales, reclamaba tiempo para su propia firma. Las malas lenguas aseguraban que la familia política había ganado, las difíciles señoras que tan claro tienen lo que su casa necesita se harían cargo de la casa hasta que  el próximo creador fuese contratado, sin prisas en llegar a la fecha. A la prensa especializada le sirvió el breve idilio de Dior con la modernidad para hablar de sus recientes temas favoritos: la frugalidad de las relaciones contractuales entre firmas y creadores que impiden solidificar una imagen de marca, la presión sobre los diseñadores, el exceso de trabajo con la multiplicación de las colecciones, y por supuesto especuló con toda la lista de nombres disponibles. De entre todos ellos Maria Grazia Chuiri es el que suena con más fuerza, actualmente la mitad pensante a la cabeza del legado de Valentino.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD

Los valores internos que tomaron el control de la firma bajo las exigencias de mutismo y discreción: Lucie Meier y Serge Ruffieux. A la espera de saber si Chiuri se traerá de casa Valentino la delicada feminidad, la perfección en los vestidos de la ama de casa ociosa wasp que gusta jugar con la multietnicidad, la pareja de diseñadores ha tomado decisiones estéticas que, para el que bien quiera mirar, están tan lejos de los valores fundacionales de la casa como de las renegadas estridencias estéticas. Discreción, sí. Continuidad, puede que menos.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD

Entre los despropósitos del dúo, las sandalias planas, la apretada cintura del New Look de posguerra desciende hasta debajo de la cadera en siluetas más felices y años veinte, más al gusto de Gabrielle Chanel que al del maestro Dior, probablemente. Hay más de los torsos cuadrados de Chanel; de las siluetas a medio vestir de la primavera de Yamamoto de hace unos años, de su elegancia sobria y de su manejo del negro; de las faldas acampanadas de Josep Font para DelPozo; de los drapeados neoclásicos de Madame Grès;más que de la encorsetada reinvención de la identidad femenina de Christian Dior, de esa involución textil hacia la elegancia sufrida que volvió a hacer de la mujer un preñado florero.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD

Puede que el trabajo de Simons, aunque en un tiempo breve, haya servido para instalar unas nociones de modernidad en la histórica firma, o puede que la familia política tuviese razón desde el principio en que sabía mejor que nadie cómo conducir sus asuntos. De una forma o de otra, creyendo en que es o no una transición continuista, el magnánimo sentido de la belleza de Chiuri sólo tendrá dos opciones: caminar hacia delante con el impulso de Simons, Meier y Ruffieux, o mirarse a sí misma, al ego de la creadora que se ha sentado en el incómodo trono de Dior, para lo cual inevitablemente echará la vista atrás, revivirá al maestro en el empeño de honrarlo y superarlo, y acallará la música del presente con el eco frío del espíritu de las feminidades pasadas.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD
La transición dulce de Dior

Pensamientos en torno a la belleza (I): El discurso de Nyong’o

Todos reflexionamos en torno a la belleza. Lo hagamos de manera más o menos consciente, compartamos o no nuestras ideas con los demás. Y todos emitimos juicios en base a la belleza. Aunque a veces defendamos la subjetividad de la misma y, elevándonos sobre el bien y el mal enunciemos que nadie es quién para prescribir el significado de belleza, o acudamos al socorrido razonamiento de “es una cuestión cultural”. Que tire la primera piedra quien no ha llamado nunca feo a nadie.

A raíz de una exigencia de mis estudios de Máster he empezado a elaborar una serie de reflexiones al rededor del concepto de belleza que he decidido publicar aquí.

PENSAMIENTO #1 El discurso de Nyong’o

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En Internet ha quedado archivado el primer discurso de Lupita Nyong’o en los premios ESSENCE Black Women in Hollywood. La joven mexicano-keniata estaba a un día de recibir el Oscar por Doce Años de Esclavitud de Steve McQueen y, nerviosa, pronunciaba un emotivo discurso entorno a nuestros modelos de belleza. He citado aquí las partes de ese discurso que para mí justifican este pensamiento #1 entorno a la belleza.

 “I’ve received a letter from a girl I’d like to share.

‘Dear Lupita,

I think you’re very lucky to be this black and yet that succesful on Hollywood overnight.  I was just about to buy a dencia whitenicious cream to lighten my skin when you appeared in the world map and saved me.’

My heart bled a Little when I read this words (…)I remember a time when I too felt unbeautiful. I put on the TV and only saw pale skins.

(…) And so I hope that my presence in your screens and in magazines lead you, young girl, on a similar journey. That you will feel the validation of your external beauty but also get to the deeper bussiness of being beautiful inside. There is no shade in that beauty.”

Lupita Nyong’o hablaba del consumo de un canon de belleza, de su  interiorización, a través de una vía muy específica: los medios de comunicación. Sus palabras me hicieron pensar inmediatamente en la carrera espacial.

¿Por qué? Al fin y al cabo la carrera a la Luna, la mitología en torno al Apolo XI, han quedado en el imaginario colectivo como una bienintencionada competición de capacidades científicas, en la que la única ambición era la infinita sed de conocimiento del hombre. Ni el contexto de guerra fría ha conseguido oscurecer la fábula humanista, en la que el verdadero objetivo no era otro que la conquista del espacio geoestacionario.

Las potencias contingentes de finales de siglo comprendieron bien que la difusión de contenidos culturales a través de los nuevos medios de comunicación sería la clave del imperialismo contemporáneo. La colocación de satélites para hacer esto posible era la verdadera motivación de la carrera lunar.

Desde este momento, con la disputa resuelta a favor de Estados Unidos, la emisión de productos culturales desde sus industrias al resto del mundo se convirtió en una constante. Así se fueron homologando globalmente los modos de vida (y por lo tanto de consumo) al norteamericano. En esto, y no en una supuesta multiculturalidad, ha consistido el fenómeno de la Globalización. Incluyendo en el pack el asunto de los modelos de belleza.

Como consecuencia el canon wasp llegaba, igual que lo sigue haciendo, a las sociedades de todo el mundo y a niñas como lo era Lupita Nyong’o, en forma de muñecas Barbie rubias, de ojos azules y estrechas de cadera, princesas Disney caucásicas (Aladín no llegó hasta el 92) y una publicidad, cine, moda, etc. de rostros occidentales.

En su discurso Nyong’o no sólo señala el problema y las consecuencias traumáticas de este bombardeo feroz del canon de belleza imposible sobre las niñas. También espera que sean los mismos media los que neutralicen el problema dando visibilidad a modelos de belleza de forma plural e inclusiva, como ha ocurrido con ella.

Pensamientos en torno a la belleza (I): El discurso de Nyong’o

Gaultier en 28 fotografías

Andy Warhol dictaminó que lo que hacía Jean Paul Gaultier era “verdaderamente arte”. En la élite de la moda hay, para el que quiera mirar con detenimiento, arte fluyendo incesantemente. Fotógrafos, modelos, incluso músicos y actores se alían con los diseñadores y con las grandes cabeceras de moda mundiales para dar lugar a instantáneas como éstas. Cindy Sherman, Sarah Moon o Nan Goldin han capturado estilismos de Gaultier entre los grandes fotógrafos de moda como Lindbergh o Avedon. Bjork, Kurt Cobain  y Nico han posado con sus diseños. Aquí os dejo una recopilación con algunas de las fotografías más icónicas de los estilismos del modisto más representativo de la era posmoderna.

Madonna por Jean Baptiste Mondino (1990)
Madonna por Jean Baptiste Mondino (1990)
Mario Testino "Feathers Will Fly" (2013). Con Kate Moss para Vogue UK. Colección Les Indiennes Gypsies.
Mario Testino “Feathers Will Fly” (2013). Con Kate Moss para Vogue UK. Colección Les Indiennes Gypsies.
David LaChapelle "Hollywood Confidential" (1998). Colección Voyage au tour du monde en 168 tenues.
David LaChapelle “Hollywood Confidential” (1998). Colección Voyage au tour du monde en 168 tenues.
Nan Goldin. Verushka (2008) para New York Times Magazine. Colección Les Sirenes.
Nan Goldin. Verushka (2008) para New York Times Magazine. Colección Les Sirenes.
Miles Aldrige (2007). Colección Les Vierges.
Miles Aldrige (2007). Colección Les Vierges.
Solve Sunsbo, "Invitation à la danse avec Elena Sudakova". Numéro (2008). Colección Les Pirates.
Solve Sunsbo, “Invitation à la danse avec Elena Sudakova”. Numéro (2008). Colección Les Pirates.
Sarah Moon, "Gaultier" (1998). Colección Hommage à Frida Kahlo.
Sarah Moon, “Gaultier” (1998). Colección Hommage à Frida Kahlo.
Björk por Jean Paul Goude (2007). Colección Les Vierges.
Björk por Jean Paul Goude (2007). Colección Les Vierges.
Naomi Campbell por Nick Knight para V Magazine (2007). Colección Les Vierges.
Naomi Campbell por Nick Knight para V Magazine (2007). Colección Les Vierges.
Cindy Sherman, "Sans titre 131" (1983). Colección Le Dadaïsme.
Cindy Sherman, “Sans titre 131” (1983). Colección Le Dadaïsme.
Alix Malka, "Eaux Profondes" (2008). Colección Les SIrènes.
Alix Malka, “Eaux Profondes” (2008). Colección Les SIrènes.
Kurt Cobain por Anton Corbijn (1993). Colección Les Vikings.
Kurt Cobain por Anton Corbijn (1993). Colección Les Vikings.
Ellen Von Unwerth, "The Heat of the Moment" (1998). Naomi Campbell para Vogue US. Colección Hommage à Frida Kahlo.
Ellen Von Unwerth, “The Heat of the Moment” (1998). Naomi Campbell para Vogue US. Colección Hommage à Frida Kahlo.
Milla Jovovich en "Haute Couture: A New Age" (2012) por Peter Lindbergh para Vogue Italia. Colección: Confession d'un enfant du siècle.
Milla Jovovich en “Haute Couture: A New Age” (2012) por Peter Lindbergh para Vogue Italia. Colección: Confession d’un enfant du siècle.
Karlie Kloss en "Karlie Kloss and Broken Humpty Dumpty" (2016) por Tim Walker para W Magazine. Colección Les Parisiennes.
Karlie Kloss en “Karlie Kloss and Broken Humpty Dumpty” (2016) por Tim Walker para W Magazine. Colección Les Parisiennes.
Blanchett en "Divina Cate Blanchett" de Peter Lindbergh para Vogue Italia (2003).
Blanchett en “Divina Cate Blanchett” de Peter Lindbergh para Vogue Italia (2003).
Izima Korau, "Fez Mysteron" (1983).
Izima Korau, “Fez Mysteron” (1983).
Jennifer Tzar para i-D Magazine (2004). Colección Hommage à la Beauté des Rousses.
Jennifer Tzar para i-D Magazine (2004). Colección Hommage à la Beauté des Rousses.
Nicolas Ruel (2013). Colección L'Homme Moderne.
Nicolas Ruel (2013). Colección L’Homme Moderne.
Bimba Bosé en "Retratos de una Obsesión" de Ruven Afanador para Yo Dona (2010).
Bimba Bosé en “Retratos de una Obsesión” de Ruven Afanador para Yo Dona (2010).
Peter Lindbergh para Vogue Paris (1991). Colección French CanCan.
Peter Lindbergh para Vogue Paris (1991). Colección French CanCan.
Lara Stone en "The Great Illusion" de Paolo Roversi para Vogue Italia (2010). Colección Mexico.
Lara Stone en “The Great Illusion” de Paolo Roversi para Vogue Italia (2010). Colección Mexico.
Peter LIndbergh para Vogue UK (1984).
Peter LIndbergh para Vogue UK (1984).
Kate Moss en "Perfection in Couture" de Mert Alas y Marcus Piggott para Vogue Japan (2011). Colección Punk Cancan.
Kate Moss en “Perfection in Couture” de Mert Alas y Marcus Piggott para Vogue Japan (2011). Colección Punk Cancan.
Cindy Crawford en "Cindy: The Sequel" de Peter Lindbergh para Harper's Bazaar US (1995). Colección Cavaliers et Amazons des Temps Modernes.
Cindy Crawford en “Cindy: The Sequel” de Peter Lindbergh para Harper’s Bazaar US (1995). Colección Cavaliers et Amazons des Temps Modernes.
Richard Avedon (2000). Colección Les Indes Galantes.
Richard Avedon (2000). Colección Les Indes Galantes.
Erin O'Connor por Alix Malka (2004). Hèrmes por Jean Paul Gaultier.
Erin O’Connor por Alix Malka (2004). Hèrmes por Jean Paul Gaultier.
Hedi Slimane, "Simplement Couture". Colección Les Sirènes.
Hedi Slimane, “Simplement Couture”. Colección Les Sirènes.
Gaultier en 28 fotografías

Lo que Yves hizo por ti (aunque aún no lo sepas)

Enero de 1971. Yves Saint Laurent hace saber al mundo que no quiere seguir diseñando para “millonarias apáticas”. Materializando su deseo en hechos, se mofará de ellas en el desfile de la colección primavera-verano que cerraba la semana de la alta costura de París. Su colección, una moda para la modernidad inspirada en un pasado no lejano, será mal interpretada y sentenciada a convertir a su autor en un mártir, de la pluma de la misma prensa que lo bendijo como el verdadero y último heredero de la alta costura.

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Saint Laurent: Verdaderamente Horroroso (International Herald Tribune), El Diseñador Yves Saint-Laurent Prende Fuego en el Mundo de la Moda  (Lorain Journal), Las Mujeres estarán este Verano… en 1945 (Le journal du dimanche), Saint Laurent: un triste oficio (Le Figaro), Guardando lo Peor para el Final (The Guardian) serán algunos de los titulares que durante los dos últimos días de enero provocarán un linchamiento sin precedentes de la obra de un modisto en las cabeceras internacionales. Sólo Elle, aunque ya en el mes de marzo, se atreverá a titular un reportaje fotográfico “La Liberación de la Mujer según Saint Laurent”.

 

¿QUÉ PUEDE PROVOCAR UN ESCÁNDALO EN MODA?

Al fin y al cabo es sólo ropa. ¿No? La indignación en este caso iba más allá de lo que los actores del negocio consideraron una apología al mal gusto, o de unos centímetros más de muslo de lo habitual; el escándalo tenía motivaciones políticas.

Jane Birkin vestida con la colección de Saint Laurent de 1971.
Jane Birkin vestida con la colección de Saint Laurent de 1971.

No debe de sorprendernos ya en absoluto el carácter político que encierra la moda, del que ya hablamos anteriormente en The ThuNNder. Como elemento cultural, la moda se encuentra dentro de un sistema económico y político concreto. En este contexto, puede desempeñar una función integradora o bien trasgresora. Saint Laurent, poniendo la vista en el doloroso pasado de la ocupación nazi, empujó la moda de su tiempo varias décadas hacia delante. Y como al arrastrar una pecera algunos centímetros sobre una superficie lisa, al detenerse el agua quedó tambaleante en su interior durante segundos, y los pececillos incapaces de impulsarse con las aletas mientras intentaban asimilar el trauma del brusco cambio.

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La crítica que más duele es aquella que nace del corazón del sistema. Saint Laurent, el designado príncipe heredero de la última generación de modistos, desafió la confianza de los que ablandaron su trono. Su colección fue tildada nostálgica de los años de ocupación. ¿Su perdición? Negar dos máximas: el derroche en tejido y las líneas ambiguas de la silueta evasiva del futurismo años 60 a la que él mismo había contribuido. La austeridad en tejido y la simplificación de los patrones evocó la escasez, el racionamiento y la opresión del París ocupado. Los tejidos pegados al cuerpo, las faldas cortas y las formas rebosantes de sensual femineidad, transportó al estilo de las prostitutas de Pigalle a las clientas y periodistas presentes en el desfile.

La broma era dura y de mal gusto, pero a los precios de la alta costura ya se hacía inadmisible.

Anjelica Huston para Vogue Italia.
Anjelica Huston para Vogue Italia.

¿POR QUÉ 1940 EN 1971?

Con la industria textil totalmente paralizada, la mujer del París ocupado tomaba la chaqueta de su marido, padre o hermano ausente, la reajustaba en casa para adaptarla a su cuerpo y salía a la calle con ella puesta, a ocupar el lugar el mismo lugar que éste había dejado. En una sociedad que sobrevivía con mujeres reemplazando a los hombres en su puesto de trabajo, la chaqueta, arreglada para la nueva inquilina, se transformaba en una dolorosa metáfora.

Las faldas se acortaron. No había suficientes metros de tela. El pelo era escondido dentro de un turbante por una mujer con la suficiente arrogancia como para negarse a mostrar su cabello al invasor.

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Quienes lo habían vivido querían olvidarlo. Por lo que padecieron, o por lo que se acercaron al invasor. Por eso la moda europea abrazó con entusiasmo la costura derrochante del joven Christian Dior, con sus corsés, sus estructuras pesadas y las faldas de un vuelo de casi 20 metros inspiradas en los pétalos de las flores. Flores para ellas. Flores para olvidar.

Sin embargo las chicas jóvenes que no habían conocido esa época ansiaban recuperarla. Sólo habían asistido a ella a través de la ventana del cine, y les seducía el glamour de una femme fatale distante, segura, magnética. Así lo reconocía Paloma Picasso, la única musa de Saint Laurent, que con sus labios rojos y su ropa de segunda mano del Mercado de la Pulga influyó en la transformación de la obra del diseñador.

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Cuando Saint Laurent presentó la Colección del Escándalo mayo del 68 estaba en la memoria reciente de todos. Había un deseo palpitante en las juventudes francesa e inglesa de diferenciarse de la generación de sus padres, de rechazar su hipocresía. Los colectivos feministas reivindicaban una posición de la mujer en la sociedad paralela a la breve fantasía de la ocupación, en la que los trabajos tradicionalmente masculinos ya no entendían (no podían hacerlo) de sexos. En 1970 la revista GQ realizaba su defensa de la contracultura: la música y la moda se convertían en los ejes de la revolución de la juventud, una vez atravesado el filtro que la hacía comercializable.

QUÉ SUPONE PARA TI LA COLECCIÓN DEL ESCÁNDALO

Saint Laurent definió de forma definitiva el recorrido de la moda moderna. Una moda de la calle y para la calle. Dejó fuera de la ecuación a sus clientas y se sensibilizó con el deseo de las chicas de su tiempo: les dio la moda que necesitaban para convertirse en las mujeres que querían ser. En definitiva cambió el sentido vertical de la comunicación, materializando un deseo que no se encontraba en la élite en la que se movían sus clientas sino en una juventud que compraba en mercadillos.

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Con esta colección el modisto terminó de dar sentido al prêt-à-porter. La caída de París como establecedor de tendencias después la ocupación alemana era terminante. La moda se había despolarizado. Estados Unidos, antes tímido seguidor, ahora había recogido el testigo y había cambiado todo el sistema. Con la aplicación del fordismo a la producción de moda, el auge de los centros comerciales y la comercialización de las prendas sueltas avanzaron una moda de los nuevos tiempos. El nuevo sistema de producción en masa y acelerado avecinaba un público diferente, la primera fase de su democratización estaba en marcha.

Eugenia Sheppard tenía 69 años cuando escribió para el Herald que la colección de Saint Laurent era horrorosa. El problema es que en ese momento fue incapaz de comprender que no se había hecho pensando en ella ni en el criterio de las mujeres de su quinta.

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Lo que Yves hizo por ti (aunque aún no lo sepas)

El Art Couture de Viktor & Rolf

No está aún cerca el día en el que la moda se justifique por última vez. ¿Por qué la moda es cultura? ¿Por qué es la moda arte? Y otras cuestiones de perogrullo de la misma índole llenan las estanterías dedicadas a la moda en las librerías generalistas. Los diseñadores Viktor Horsting y Rolf Snoeren (Viktor & Rolf) han firmado la última paciente explicación del fenómeno, vistiendo modelos a la par que paredes de museos.

En la semana de presentaciones de alta costura en París Viktor&Rolf escogieron el Palais de Tokyo (Museo de Arte Moderno) para enseñar su primera colección desde que es un hecho su retirada del frenético circuito de prêt-à-porter, anunciada poco después de la de Jean-Paul Gaultier.

Como siempre la génesis, el embrión del concepto, se plantea de forma no desarrollada en la primera pieza: una modelo hace su aparición envuelta en un lienzo en blanco (estructura incluida plegada voluminosamente en torno al cuerpo).

Fotos del desfile de WWD.
Fotos del desfile de WWD.

A partir de ahí el planteamiento va a más. Abrigos, faldas, vestidos con cola, todo con el zigzagueante filo de los marcos recortando la silueta violentamente. Como si les hubieran estampado el lienzo desde la cabeza. El desfile se completaba con una performance, pues los diseñadores iban despojando de los cuadros a las modelos para acabar colgándolos en la pared demostrando que, efectivamente, eran lienzos con forma de lienzo, obras de arte de la Edad Dorada de la pintura holandesa en su mayoría.

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Para esto se sale uno del prêt-à-porter, para dedicar tiempo, dedicación y una reflexión pausada a la creación artística. Si bien es cierto que se trata más bien de una estrategia para posicionar la firma en el sector del lujo no hay que desmerecer el atrevimiento de seguir apostando por la que es la mayor preocupación del dúo holandés de diseñadores: la borrosa separación entre arte y moda. La alta costura es el terreno natural para ello.

Al contrario que ellos yo no tengo habitualmente ni ganas ni paciencia de explicar lo que me parece una obviedad: la naturaleza artística del diseño de moda. Probablemente otro día me pille con un talante más divulgativo. Sin embargo hoy sí tiro de hemeroteca para recordad algunas de las más evidentes relaciones entre el arte (pictórico, ojo) y la moda. A continuación el estampado de langosta de Dalí para Elsa Schiaparelli, la versión de Mondrian de Yves Saint-Laurent y la grandiosa performance de Alexander McQueen del vestido pintado en directo por dos robots.

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El Art Couture de Viktor & Rolf

Cuando la Moda se Vuelve Política

Jera no volverá a desfilar en París. Dentro del negocio dudan incluso que el modelo vuelva a pisar una pasarela. La causa, una pancarta escondida en su salida durante el desfile de primavera-verano ’16 del diseñador Rick Owens. “Please kill Angela Merkel –Not” han sido las palabras que han desencadenado el escándalo y por las que Owens dice no querer volver a contar con el que ha sido su musa durante más de diez años.

WWD.
WWD.

¿QUIÉN CREE A RICK OWENS?

Un gesto político, una provocación, o un desvarío de una personalidad inestable como todas las declaraciones de las personas relacionadas con Jera (su agencia, el propio Owens) quieren indicar. Lo cierto es que no es la primera vez que un desfile de Rick Owens levanta polémica, su anterior colección, inspirada en las películas de submarinos de los años 50, causó un absurdo escándalo por dejar a la vista los penes de algunos modelos. Algunos comentarios, tweets y crónicas convirtieron a sus autores ese día en niños de parvulario. Pero al margen de eso parece ya una norma que por un motivo y otro la atención en los defiles de Rick Owens se desvíe de las prendas a otros temas.

En el calor del momento, tras la salida de Jera, un nervioso Rick Owens perjuraba a WWD que él no había tenido nada que ver con la el mensaje de la pancarta de Jera, que él mismo le había propinado un puñetazo al descender de la pasarela. Un gesto de heroicidad que salva su distancia respecto a un escándalo con contenido real, más allá del rubor adolescente de ver penes sobre la pasarela, con contenido político. Y sin embargo un gesto irónicamente relacionado con la propia colección, que pretendía versar sobre la violencia masculina.

Karl Lagerfeld's Chanel catwalk show.
Desfile de Chanel, 2014.

LA MODA POLÍTICA

En septiembre del año pasado Lagerfeld le dio una pancarta a Delevingne, un megáfono a Crawford, y montó sobre la pasarela un divertido teatro (homenaje, parodia, tal vez ambas a la vez) de manifestación feminista. En el contexto de la última despolitización del feminismo Lagerfeld recogía el eco del fuerte latido que en las redes sociales supone la última revolución sobre género e identidad. Como los espacios institucionalmente habilitados para el graffiti, una pancarta en ese contexto, bajo el ala del nombre de Karl Lagerfeld, pierde la fuerza del contenido político en su legalidad y previsión.

Puede que la hazaña de Jera nos recuerde a una pobre imitación de Lagerfeld, con bastante menos gusto para muchos, o puede que nos lo tomemos como un acto de protesta cercano al espíritu punk. Pero llevar mensajes no abstractos a la pasarela es difícil. La costura es un arte y porque es arte es negocio, y en un contexto en el que se manejan cifras abultadas no es aconsejable tomar posiciones políticas, ni sacar ciertos temas. El problema es que el textil no necesita de pancartas escritas para posicionarse. La moda en su esencia nunca es políticamente neutra.

Saint-Laurent, 1971.
Saint-Laurent, 1971.

No hace falta irse a casos evidentes, como lo es recordar que toda reivindicación política tiene una salida a través de la indumentaria (pensemos en la palestina, los vaqueros caídos, el camuflaje, las botas militares), o que otras posiciones políticas socialmente más legitimadas la emplean también para identificarse (polos y náuticos no son santo y seña de cualquier individuo).

La colección de Yves Saint-Laurent del 71 provocó su linchamiento mediático por considerarse nostálgica de los años de la ocupación nazi. Evidentemente sin esvásticas a la vista (Saint-Laurent nunca fue por ahí) sino por líneas sencillas y una cantidad de tejido austera. Antes de esto la colección Corolla de Christian Dior fue una protesta contra la austeridad que regía Europa tras la segunda Guerra Mundial: una llamada a las mujeres a enarbolar su feminidad con las formas de las flores recreadas en faldas de excesivos metros de tela. Y antes de esto Coco Chanel renovó el concepto de feminidad librándolo de la dictadura tiránica del corsé, inventando una nueva silueta para las mujeres.

La moda es identidad y aflora en los individuos en forma de huellas de género, de origen, de sensibilidad. Es un gesto silencioso y elocuente a la vez imposible de frenar. Estética y pensamiento siempre serán caras de una misma moneda y el espíritu de una época y los cambios que avecina siempre se liberarán antes en sus formas visibles, y la moda es una de éstas. Ni Stella McCartney, ni Marc Jacobs, ni sus siluetas voluminosas y cercanas al unisex se libran de esto.

Jera habrá querido decir algo. O puede que en realidad no. No es importante. La forma en la que se ha sofocado su gesto por parte de todos los actores del negocio, es la que realmente ha hablado por sí sola.

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Cuando la Moda se Vuelve Política