Lo que Yves hizo por ti (aunque aún no lo sepas)

Enero de 1971. Yves Saint Laurent hace saber al mundo que no quiere seguir diseñando para “millonarias apáticas”. Materializando su deseo en hechos, se mofará de ellas en el desfile de la colección primavera-verano que cerraba la semana de la alta costura de París. Su colección, una moda para la modernidad inspirada en un pasado no lejano, será mal interpretada y sentenciada a convertir a su autor en un mártir, de la pluma de la misma prensa que lo bendijo como el verdadero y último heredero de la alta costura.

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Saint Laurent: Verdaderamente Horroroso (International Herald Tribune), El Diseñador Yves Saint-Laurent Prende Fuego en el Mundo de la Moda  (Lorain Journal), Las Mujeres estarán este Verano… en 1945 (Le journal du dimanche), Saint Laurent: un triste oficio (Le Figaro), Guardando lo Peor para el Final (The Guardian) serán algunos de los titulares que durante los dos últimos días de enero provocarán un linchamiento sin precedentes de la obra de un modisto en las cabeceras internacionales. Sólo Elle, aunque ya en el mes de marzo, se atreverá a titular un reportaje fotográfico “La Liberación de la Mujer según Saint Laurent”.

 

¿QUÉ PUEDE PROVOCAR UN ESCÁNDALO EN MODA?

Al fin y al cabo es sólo ropa. ¿No? La indignación en este caso iba más allá de lo que los actores del negocio consideraron una apología al mal gusto, o de unos centímetros más de muslo de lo habitual; el escándalo tenía motivaciones políticas.

Jane Birkin vestida con la colección de Saint Laurent de 1971.
Jane Birkin vestida con la colección de Saint Laurent de 1971.

No debe de sorprendernos ya en absoluto el carácter político que encierra la moda, del que ya hablamos anteriormente en The ThuNNder. Como elemento cultural, la moda se encuentra dentro de un sistema económico y político concreto. En este contexto, puede desempeñar una función integradora o bien trasgresora. Saint Laurent, poniendo la vista en el doloroso pasado de la ocupación nazi, empujó la moda de su tiempo varias décadas hacia delante. Y como al arrastrar una pecera algunos centímetros sobre una superficie lisa, al detenerse el agua quedó tambaleante en su interior durante segundos, y los pececillos incapaces de impulsarse con las aletas mientras intentaban asimilar el trauma del brusco cambio.

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La crítica que más duele es aquella que nace del corazón del sistema. Saint Laurent, el designado príncipe heredero de la última generación de modistos, desafió la confianza de los que ablandaron su trono. Su colección fue tildada nostálgica de los años de ocupación. ¿Su perdición? Negar dos máximas: el derroche en tejido y las líneas ambiguas de la silueta evasiva del futurismo años 60 a la que él mismo había contribuido. La austeridad en tejido y la simplificación de los patrones evocó la escasez, el racionamiento y la opresión del París ocupado. Los tejidos pegados al cuerpo, las faldas cortas y las formas rebosantes de sensual femineidad, transportó al estilo de las prostitutas de Pigalle a las clientas y periodistas presentes en el desfile.

La broma era dura y de mal gusto, pero a los precios de la alta costura ya se hacía inadmisible.

Anjelica Huston para Vogue Italia.
Anjelica Huston para Vogue Italia.

¿POR QUÉ 1940 EN 1971?

Con la industria textil totalmente paralizada, la mujer del París ocupado tomaba la chaqueta de su marido, padre o hermano ausente, la reajustaba en casa para adaptarla a su cuerpo y salía a la calle con ella puesta, a ocupar el lugar el mismo lugar que éste había dejado. En una sociedad que sobrevivía con mujeres reemplazando a los hombres en su puesto de trabajo, la chaqueta, arreglada para la nueva inquilina, se transformaba en una dolorosa metáfora.

Las faldas se acortaron. No había suficientes metros de tela. El pelo era escondido dentro de un turbante por una mujer con la suficiente arrogancia como para negarse a mostrar su cabello al invasor.

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Quienes lo habían vivido querían olvidarlo. Por lo que padecieron, o por lo que se acercaron al invasor. Por eso la moda europea abrazó con entusiasmo la costura derrochante del joven Christian Dior, con sus corsés, sus estructuras pesadas y las faldas de un vuelo de casi 20 metros inspiradas en los pétalos de las flores. Flores para ellas. Flores para olvidar.

Sin embargo las chicas jóvenes que no habían conocido esa época ansiaban recuperarla. Sólo habían asistido a ella a través de la ventana del cine, y les seducía el glamour de una femme fatale distante, segura, magnética. Así lo reconocía Paloma Picasso, la única musa de Saint Laurent, que con sus labios rojos y su ropa de segunda mano del Mercado de la Pulga influyó en la transformación de la obra del diseñador.

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Cuando Saint Laurent presentó la Colección del Escándalo mayo del 68 estaba en la memoria reciente de todos. Había un deseo palpitante en las juventudes francesa e inglesa de diferenciarse de la generación de sus padres, de rechazar su hipocresía. Los colectivos feministas reivindicaban una posición de la mujer en la sociedad paralela a la breve fantasía de la ocupación, en la que los trabajos tradicionalmente masculinos ya no entendían (no podían hacerlo) de sexos. En 1970 la revista GQ realizaba su defensa de la contracultura: la música y la moda se convertían en los ejes de la revolución de la juventud, una vez atravesado el filtro que la hacía comercializable.

QUÉ SUPONE PARA TI LA COLECCIÓN DEL ESCÁNDALO

Saint Laurent definió de forma definitiva el recorrido de la moda moderna. Una moda de la calle y para la calle. Dejó fuera de la ecuación a sus clientas y se sensibilizó con el deseo de las chicas de su tiempo: les dio la moda que necesitaban para convertirse en las mujeres que querían ser. En definitiva cambió el sentido vertical de la comunicación, materializando un deseo que no se encontraba en la élite en la que se movían sus clientas sino en una juventud que compraba en mercadillos.

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Con esta colección el modisto terminó de dar sentido al prêt-à-porter. La caída de París como establecedor de tendencias después la ocupación alemana era terminante. La moda se había despolarizado. Estados Unidos, antes tímido seguidor, ahora había recogido el testigo y había cambiado todo el sistema. Con la aplicación del fordismo a la producción de moda, el auge de los centros comerciales y la comercialización de las prendas sueltas avanzaron una moda de los nuevos tiempos. El nuevo sistema de producción en masa y acelerado avecinaba un público diferente, la primera fase de su democratización estaba en marcha.

Eugenia Sheppard tenía 69 años cuando escribió para el Herald que la colección de Saint Laurent era horrorosa. El problema es que en ese momento fue incapaz de comprender que no se había hecho pensando en ella ni en el criterio de las mujeres de su quinta.

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