La transición dulce de Dior

Un entierro digno. Una transición dulce. Es así como la casa Dior quiere pasar el trámite hasta el siguiente gran nombre propio que tome las riendas creativas de la casa, con este desfile de la semana de la Alta Costura de París para el próximo invierno 2016-2017 lo atestigua. Dior quiere seguir cumpliendo con las expectativas mínimas, con el manido concepto de excelencia para su elitista clientela, pero se conforma con el susurro, pasan casi de puntillas las más de cuarenta modelos que calzan sandalias planas en cada salida, no es el momento de apostar por rotundas manifestaciones creativas. Y sin planearlo, al bajar la voz, al pisar con discreción, nace de las entrañas de la maison su verdadera identidad, una nueva dialéctica en la que desarrollar su concepto creativo apropiada para estos días de oleaje. Meier y Ruffieux han enterrado el maestro, han tomado de la mano la firma como si fuese un niño pequeño al que delicadamente ayudan a subir un gran escalón que siempre le ha resultado tortuoso; el de la cohabitación de la mujer en el escenario del siglo XXI.

Christian Dior Couture Fall 2016
WWD.

La abrupta expulsión del gibraltareño John Galliano obligaba a la casa Dior a encontrar contrarreloj una cabeza creativa capaz de sustituirle en las nostálgicas reinvenciones de las colecciones del diseñador. No era tarea fácil. El genio de Galliano provocó lágrimas entre los asistentes con las salidas de algunos de sus desfiles. Arquitectónico, histriónico, complejo y riguroso heredero de la tradición del maestro Dior, recubría de dramatismo la feminidad excesiva. En 2012 la maison cedió a Raf Simons, un diseñador belga de 45 años, el peso y la vertiginosa responsabilidad de adentrar a Dior en el presente, obligándole a lidiar con una familia política dura, la de las veteranas costureras que con sus manos moldeaban los sueños de Galliano para Dior.

Christian Dior Couture Fall 2016
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El pulso de un Simons melómano se deslizó sobre el papel en líneas minimalistas. Quiso croptops y vaporosas faldas plisadas para el clásico New Look y quiso monos espaciales. Conocedor en profundidad de la historia de la moda, tradujo a la gramática contemporánea los miriñaques de María Antonieta en sencillas y gráciles siluetas de blanco inmaculado. Convirtió el pequeño Lady Dior que enamorara a Diana de Gales en un básico indispensable, apropiándose de él y reversionándolo coreado por un aumento en las ventas, y conquistó a la nueva jet set de los jóvenes imperios del software de Austin y Silicon Valley, dotando a la alta costura de la casa de un valor en sí misma como producto, y no como espejismo publicitario con el que despachar perfumes.

Christian Dior Couture Fall 2016
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La historia llegó a su fin en octubre del año pasado. Simons alegó motivos personales, reclamaba tiempo para su propia firma. Las malas lenguas aseguraban que la familia política había ganado, las difíciles señoras que tan claro tienen lo que su casa necesita se harían cargo de la casa hasta que  el próximo creador fuese contratado, sin prisas en llegar a la fecha. A la prensa especializada le sirvió el breve idilio de Dior con la modernidad para hablar de sus recientes temas favoritos: la frugalidad de las relaciones contractuales entre firmas y creadores que impiden solidificar una imagen de marca, la presión sobre los diseñadores, el exceso de trabajo con la multiplicación de las colecciones, y por supuesto especuló con toda la lista de nombres disponibles. De entre todos ellos Maria Grazia Chuiri es el que suena con más fuerza, actualmente la mitad pensante a la cabeza del legado de Valentino.

Christian Dior Couture Fall 2016
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Los valores internos que tomaron el control de la firma bajo las exigencias de mutismo y discreción: Lucie Meier y Serge Ruffieux. A la espera de saber si Chiuri se traerá de casa Valentino la delicada feminidad, la perfección en los vestidos de la ama de casa ociosa wasp que gusta jugar con la multietnicidad, la pareja de diseñadores ha tomado decisiones estéticas que, para el que bien quiera mirar, están tan lejos de los valores fundacionales de la casa como de las renegadas estridencias estéticas. Discreción, sí. Continuidad, puede que menos.

Christian Dior Couture Fall 2016
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Entre los despropósitos del dúo, las sandalias planas, la apretada cintura del New Look de posguerra desciende hasta debajo de la cadera en siluetas más felices y años veinte, más al gusto de Gabrielle Chanel que al del maestro Dior, probablemente. Hay más de los torsos cuadrados de Chanel; de las siluetas a medio vestir de la primavera de Yamamoto de hace unos años, de su elegancia sobria y de su manejo del negro; de las faldas acampanadas de Josep Font para DelPozo; de los drapeados neoclásicos de Madame Grès;más que de la encorsetada reinvención de la identidad femenina de Christian Dior, de esa involución textil hacia la elegancia sufrida que volvió a hacer de la mujer un preñado florero.

Christian Dior Couture Fall 2016
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Puede que el trabajo de Simons, aunque en un tiempo breve, haya servido para instalar unas nociones de modernidad en la histórica firma, o puede que la familia política tuviese razón desde el principio en que sabía mejor que nadie cómo conducir sus asuntos. De una forma o de otra, creyendo en que es o no una transición continuista, el magnánimo sentido de la belleza de Chiuri sólo tendrá dos opciones: caminar hacia delante con el impulso de Simons, Meier y Ruffieux, o mirarse a sí misma, al ego de la creadora que se ha sentado en el incómodo trono de Dior, para lo cual inevitablemente echará la vista atrás, revivirá al maestro en el empeño de honrarlo y superarlo, y acallará la música del presente con el eco frío del espíritu de las feminidades pasadas.

Christian Dior Couture Fall 2016
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La transición dulce de Dior

Lo que Yves hizo por ti (aunque aún no lo sepas)

Enero de 1971. Yves Saint Laurent hace saber al mundo que no quiere seguir diseñando para “millonarias apáticas”. Materializando su deseo en hechos, se mofará de ellas en el desfile de la colección primavera-verano que cerraba la semana de la alta costura de París. Su colección, una moda para la modernidad inspirada en un pasado no lejano, será mal interpretada y sentenciada a convertir a su autor en un mártir, de la pluma de la misma prensa que lo bendijo como el verdadero y último heredero de la alta costura.

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Saint Laurent: Verdaderamente Horroroso (International Herald Tribune), El Diseñador Yves Saint-Laurent Prende Fuego en el Mundo de la Moda  (Lorain Journal), Las Mujeres estarán este Verano… en 1945 (Le journal du dimanche), Saint Laurent: un triste oficio (Le Figaro), Guardando lo Peor para el Final (The Guardian) serán algunos de los titulares que durante los dos últimos días de enero provocarán un linchamiento sin precedentes de la obra de un modisto en las cabeceras internacionales. Sólo Elle, aunque ya en el mes de marzo, se atreverá a titular un reportaje fotográfico “La Liberación de la Mujer según Saint Laurent”.

 

¿QUÉ PUEDE PROVOCAR UN ESCÁNDALO EN MODA?

Al fin y al cabo es sólo ropa. ¿No? La indignación en este caso iba más allá de lo que los actores del negocio consideraron una apología al mal gusto, o de unos centímetros más de muslo de lo habitual; el escándalo tenía motivaciones políticas.

Jane Birkin vestida con la colección de Saint Laurent de 1971.
Jane Birkin vestida con la colección de Saint Laurent de 1971.

No debe de sorprendernos ya en absoluto el carácter político que encierra la moda, del que ya hablamos anteriormente en The ThuNNder. Como elemento cultural, la moda se encuentra dentro de un sistema económico y político concreto. En este contexto, puede desempeñar una función integradora o bien trasgresora. Saint Laurent, poniendo la vista en el doloroso pasado de la ocupación nazi, empujó la moda de su tiempo varias décadas hacia delante. Y como al arrastrar una pecera algunos centímetros sobre una superficie lisa, al detenerse el agua quedó tambaleante en su interior durante segundos, y los pececillos incapaces de impulsarse con las aletas mientras intentaban asimilar el trauma del brusco cambio.

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La crítica que más duele es aquella que nace del corazón del sistema. Saint Laurent, el designado príncipe heredero de la última generación de modistos, desafió la confianza de los que ablandaron su trono. Su colección fue tildada nostálgica de los años de ocupación. ¿Su perdición? Negar dos máximas: el derroche en tejido y las líneas ambiguas de la silueta evasiva del futurismo años 60 a la que él mismo había contribuido. La austeridad en tejido y la simplificación de los patrones evocó la escasez, el racionamiento y la opresión del París ocupado. Los tejidos pegados al cuerpo, las faldas cortas y las formas rebosantes de sensual femineidad, transportó al estilo de las prostitutas de Pigalle a las clientas y periodistas presentes en el desfile.

La broma era dura y de mal gusto, pero a los precios de la alta costura ya se hacía inadmisible.

Anjelica Huston para Vogue Italia.
Anjelica Huston para Vogue Italia.

¿POR QUÉ 1940 EN 1971?

Con la industria textil totalmente paralizada, la mujer del París ocupado tomaba la chaqueta de su marido, padre o hermano ausente, la reajustaba en casa para adaptarla a su cuerpo y salía a la calle con ella puesta, a ocupar el lugar el mismo lugar que éste había dejado. En una sociedad que sobrevivía con mujeres reemplazando a los hombres en su puesto de trabajo, la chaqueta, arreglada para la nueva inquilina, se transformaba en una dolorosa metáfora.

Las faldas se acortaron. No había suficientes metros de tela. El pelo era escondido dentro de un turbante por una mujer con la suficiente arrogancia como para negarse a mostrar su cabello al invasor.

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Quienes lo habían vivido querían olvidarlo. Por lo que padecieron, o por lo que se acercaron al invasor. Por eso la moda europea abrazó con entusiasmo la costura derrochante del joven Christian Dior, con sus corsés, sus estructuras pesadas y las faldas de un vuelo de casi 20 metros inspiradas en los pétalos de las flores. Flores para ellas. Flores para olvidar.

Sin embargo las chicas jóvenes que no habían conocido esa época ansiaban recuperarla. Sólo habían asistido a ella a través de la ventana del cine, y les seducía el glamour de una femme fatale distante, segura, magnética. Así lo reconocía Paloma Picasso, la única musa de Saint Laurent, que con sus labios rojos y su ropa de segunda mano del Mercado de la Pulga influyó en la transformación de la obra del diseñador.

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Cuando Saint Laurent presentó la Colección del Escándalo mayo del 68 estaba en la memoria reciente de todos. Había un deseo palpitante en las juventudes francesa e inglesa de diferenciarse de la generación de sus padres, de rechazar su hipocresía. Los colectivos feministas reivindicaban una posición de la mujer en la sociedad paralela a la breve fantasía de la ocupación, en la que los trabajos tradicionalmente masculinos ya no entendían (no podían hacerlo) de sexos. En 1970 la revista GQ realizaba su defensa de la contracultura: la música y la moda se convertían en los ejes de la revolución de la juventud, una vez atravesado el filtro que la hacía comercializable.

QUÉ SUPONE PARA TI LA COLECCIÓN DEL ESCÁNDALO

Saint Laurent definió de forma definitiva el recorrido de la moda moderna. Una moda de la calle y para la calle. Dejó fuera de la ecuación a sus clientas y se sensibilizó con el deseo de las chicas de su tiempo: les dio la moda que necesitaban para convertirse en las mujeres que querían ser. En definitiva cambió el sentido vertical de la comunicación, materializando un deseo que no se encontraba en la élite en la que se movían sus clientas sino en una juventud que compraba en mercadillos.

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Con esta colección el modisto terminó de dar sentido al prêt-à-porter. La caída de París como establecedor de tendencias después la ocupación alemana era terminante. La moda se había despolarizado. Estados Unidos, antes tímido seguidor, ahora había recogido el testigo y había cambiado todo el sistema. Con la aplicación del fordismo a la producción de moda, el auge de los centros comerciales y la comercialización de las prendas sueltas avanzaron una moda de los nuevos tiempos. El nuevo sistema de producción en masa y acelerado avecinaba un público diferente, la primera fase de su democratización estaba en marcha.

Eugenia Sheppard tenía 69 años cuando escribió para el Herald que la colección de Saint Laurent era horrorosa. El problema es que en ese momento fue incapaz de comprender que no se había hecho pensando en ella ni en el criterio de las mujeres de su quinta.

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Lo que Yves hizo por ti (aunque aún no lo sepas)

El Art Couture de Viktor & Rolf

No está aún cerca el día en el que la moda se justifique por última vez. ¿Por qué la moda es cultura? ¿Por qué es la moda arte? Y otras cuestiones de perogrullo de la misma índole llenan las estanterías dedicadas a la moda en las librerías generalistas. Los diseñadores Viktor Horsting y Rolf Snoeren (Viktor & Rolf) han firmado la última paciente explicación del fenómeno, vistiendo modelos a la par que paredes de museos.

En la semana de presentaciones de alta costura en París Viktor&Rolf escogieron el Palais de Tokyo (Museo de Arte Moderno) para enseñar su primera colección desde que es un hecho su retirada del frenético circuito de prêt-à-porter, anunciada poco después de la de Jean-Paul Gaultier.

Como siempre la génesis, el embrión del concepto, se plantea de forma no desarrollada en la primera pieza: una modelo hace su aparición envuelta en un lienzo en blanco (estructura incluida plegada voluminosamente en torno al cuerpo).

Fotos del desfile de WWD.
Fotos del desfile de WWD.

A partir de ahí el planteamiento va a más. Abrigos, faldas, vestidos con cola, todo con el zigzagueante filo de los marcos recortando la silueta violentamente. Como si les hubieran estampado el lienzo desde la cabeza. El desfile se completaba con una performance, pues los diseñadores iban despojando de los cuadros a las modelos para acabar colgándolos en la pared demostrando que, efectivamente, eran lienzos con forma de lienzo, obras de arte de la Edad Dorada de la pintura holandesa en su mayoría.

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Para esto se sale uno del prêt-à-porter, para dedicar tiempo, dedicación y una reflexión pausada a la creación artística. Si bien es cierto que se trata más bien de una estrategia para posicionar la firma en el sector del lujo no hay que desmerecer el atrevimiento de seguir apostando por la que es la mayor preocupación del dúo holandés de diseñadores: la borrosa separación entre arte y moda. La alta costura es el terreno natural para ello.

Al contrario que ellos yo no tengo habitualmente ni ganas ni paciencia de explicar lo que me parece una obviedad: la naturaleza artística del diseño de moda. Probablemente otro día me pille con un talante más divulgativo. Sin embargo hoy sí tiro de hemeroteca para recordad algunas de las más evidentes relaciones entre el arte (pictórico, ojo) y la moda. A continuación el estampado de langosta de Dalí para Elsa Schiaparelli, la versión de Mondrian de Yves Saint-Laurent y la grandiosa performance de Alexander McQueen del vestido pintado en directo por dos robots.

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El Art Couture de Viktor & Rolf

Último artículo (Harlan Magazine): Cuando otro es mejor tú que tú

Una vez más tengo la suerte de poder publicar en Harlan Magazine un nuevo artículo sobre moda y alta costura. Es una suerte porque no todas las revistas culturales están dispuestas a incluir la moda entre su repertorio temático. Habitualmente se le niega por desconocimiento su condición de arte o incluso, y aunque parezca básico, la de elemento cultural. En el artículo analizo en detalle los desfiles que pudimos ver en la última Semana de la Alta Costura de París y reflexiono sobre la necesidad que tiene el sector de no dejar de plantearse retos creativos.

Desfilar en la Semana de la Alta Costura de París es caro. Muy caro. Pero es la primera forma de dar a conocer unos productos que por su proceso de fabricación y su exclusividad son también muy caros. No todo el mundo puede permitirse jugar en este campo y por eso una vez que te has hecho con tu puesto, nadie quiere arriesgarse a que la nueva colección no funcione.

Desfile de Karl Lagerfeld para Chanel. GETTY IMAGES.
Desfile de Karl Lagerfeld para Chanel. GETTY IMAGES.

Sin embargo existe una necesidad de compatibilizar esto con una renovación del sentido de la moda constante. La alta costura es también el terreno indicado para imaginar y crear sin restricciones creativas, dando así una forma concreta a ese valor intangible que es la identidad de la firma.

Se suma una presión añadida cuando se trata de diseñadores que llevan el timón creativo de históricas maisons cuya historia excede las colecciones que ellos firmarán. Una presión por no sacar los pies del tiesto y que nadie considere que has perpetrado la idiosincrasia, cuando simultáneamente todos parecen pedirte que adaptes con tu sello personal el espíritu de la firma a los tiempos actuales.

Temporada, desfile, colección. Líneas rojas que se conservan aún en estos tiempos de digitalización e industrialización de la vida diaria en los que el sistema de la alta costura poco tiene que ver ya con sus orígenes. El creador del concepto fue el inglés Charles Frederick Worth, y fue en su estudio parisino donde nació. Él creó el concepto de temporada, para cada cual renovaba su oferta con una nueva colección e invitaba a venir a las damas de la alta sociedad parisina para que asistiesen a un desfile donde se les hacía testigos de una muestra de las últimas tendencias que había creado. Una técnica de marketing en aquel momento novedosa que hoy ha devenido en el sector que conocemos.

Vestido de alta costura por Charles Frederick Worth.
Vestido de alta costura por Charles Frederick Worth.

En los últimos años los críticos se felicitaban por un nuevo rumbo de la alta costura. Las prendas adoptaban un sentido más pragmático que se traducía en ventas y  en un balance rentable. Algo que la alta costura, al borde del encefalograma plano en términos económicos, había sido incapaz de alcanzar en un largo período. El hermético circuito se abrió tímidamente dejando hueco a nuevos nombres y además las grandes maisons se responsabilizaron de rescatar los antiguos talleres, poniendo en un primer plano la técnica artesanal.

No obstante en muchos sentidos se trata de un sector estancado, que apenas arriesga y no mira no ya hacia delante, sino simplemente a su alrededor. Se mantiene ajeno a las últimas posibilidades, a los discursos más atrevidos que nacen en el propio terreno de la moda o bien del arte contemporáneo. No sólo en un sentido técnico, pues ya veíamos en el anterior artículo en blog cómo Iris van Herpen trabaja con impresión 3D o dispositivos motorizados. Sino también en un acomodamiento estético en ideas que funcionan. Creo que es importante no perder de vista que estamos en un territorio de carácter artístico, y como tal ser conscientes de las opciones, posibilidades, narrativas o conceptos que nos brinda nuestra época.

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Último artículo (Harlan Magazine): Cuando otro es mejor tú que tú