Jean Paul Gaultier: 40 años de trasgresión

Jean Paul Gaultier (Acueil, 1952) desfila por primera vez en París en el año 1976. Deja atrás así las horas perdidas en el salón de belleza de su abuela, las múltiples pruebas de vestuario en la confección de modelos para su osito de peluche Nana y los envíos de bocetos a modistos consolidados como Yves Saint-Laurent abocados a respuestas negativas. La asistencia es escasa. Como él mismo reconoce, aunque le sobraban ganas, le fallaba la estructura.

Es Dianne Benson, propietaria de la neoyorquina boutique Diane B., la que apuesta en los años 80 por la distribución de piezas de diseñadores más experimentales como Miyake, Kawakubo en Comme des Garçons, o el propio Gaultier. Será cuando Benson encargará a la artista Cindy Sherman una serie de fotografías para Interview con la ropa de estos modistos. En ellas, convertidas en las primeras fotografías artísticas inspiradas en la fotografía de moda, Sherman trasgrede las convenciones de la prensa femenina desde un tono crítico y el humorístico.

Sans Titre 131. Cindy Sherman para Interview.
Sans Titre 131. Cindy Sherman para Interview.

40 años más tarde el Grand Palais de París rinde homenaje al modisto en una extensa exposición retrospectiva articulada a través de salas interactivas (desde bolas y música de discoteca, a maniquís que hablan y  se quejan). El evento no está fuera de lugar, en pleno 2015 y con el diseñador exclusivamente dedicado ahora a la alta costura (hace ya una temporada que abandonó el prêt-à-porter en una sonada celebración con todas sus musas sobre la pasarela), no se puede dejar de lado lo que la obra de Gaultier ha supuesto para el imaginario visual cultural occidental y para la identidad femenina en particular.

MODISTO POSMODERNO

Según nos instruyen en las aulas, la Posmodernidad fue por primera vez definida por François Lyotard como la caída de los Grandes Relatos. Es decir, la pérdida de su capacidad de convicción por parte de las tradicionales explicaciones del mundo como la religión o las ideologías.

Un mundo que cuestiona sus anteriores polos no sólo roza el nihilismo, sino que experimenta la desvirtuación de su simbolismo tradicional para atravesar una trasposición y desestigmatización de los códigos estéticos.

¿Qué tiene todo esto que ver con Jean Paul Gaultier? El modisto francés ha convertido su carrera en un experimento de reversión de códigos. Desde la resemantización del corsé a la falda masculina. Gaultier no ha dudado en hacer suyos elementos mitológicos como la sirena o la imaginería cristiana como la misma madre de Cristo.

Kylie Minogue vestida por  Gaultier por William Baker. Colección Les Vierges.
Kylie Minogue vestida por Gaultier por William Baker. Colección Les Vierges.

Su colección Las Vírgenes se sirve de la tradición de representación iconográfica de la Virgen María para crear delicadas túnicas, estampadas, bordadas, con estructura de armadura y recreación en el potencial sugestivo de la sangre de su corazón sagrado. Así, Gaultier efectúa el descenso del altar de la Virgen a icono de la cultura pop mediante la revisión de su indumentaria. Presta al escándalo, la colección levantó la ira de los irascibles sectores habituales y sedujo la atención de divas fieles al modisto como Kylie Minogue y Madonna.

CUESTIÓN DE GÉNERO

Tomando inspiración de individualidades singulares Jean Paul Gaultier crea su propia utopía: la libertad de cada uno para ser quien de verdad quiere ser. La moda es, ante todo, una cuestión de identidad. Gaultier lo sabe y por ello ha dedicado su carrera a trasgredir las semánticas tradicionales de la indumentaria.

Milla Jovovich vestida por Gaultier por Peter Lindbergh para Vogue Italia.
Milla Jovovich vestida por Gaultier por Peter Lindbergh para Vogue Italia.

Así lo hizo con el corsé, elemento característico de la represión secular femenina. Reinventándolo en unas estructuras respetuosas con el cuerpo y colocándolo sobre hombres y mujeres. La prenda se transforma, sale a la superficie y con unos punzantes pechos puntiagudos que marcaron la gira de Madonna de 1990, se transforma en una advertencia de peligro. De pieza de violento sometimiento al canon de belleza, a estandarte del empoderamiento femenino.

Lo mismo ocurre con la falda masculina, una constante en las colecciones de Gaultier. El modisto denuncia que hay aún en la moda códigos y clichés que no corresponden a nuestra época. Contra esta incriminación al hombre que se apropia de sensibilidades atribuidas a lo femenino, Gaultier crea su colección L’homme moderne.

Otra forma de reforzar su posición respecto a este tema es su gusto por las modelos y musas atípicas. Siempre trasgrediendo los cánones de belleza Gaultier quiere vestir a Conchita Wurst, Rossy de Palma o Bimba Bosé. Demuestra así que la belleza tiene múltiples posibilidades no contempladas, y que la moda sólo puede progresar si consigue dar salida a la necesidad del ser humano de revelar su subjetividad.

Björk vestida con la colección Les Vierges de Gaultier por Jean Paul Goude.
Björk vestida con la colección Les Vierges de Gaultier por Jean Paul Goude.
Mariano Vivanco para Gaultier. Colección Les Sirènes.
Mariano Vivanco para Gaultier. Colección Les Sirènes.

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Jean Paul Gaultier: 40 años de trasgresión

Perder las batallas, ganar la guerra: la Mala Sangre de Swift y sus secuaces

Hace un par de semanas Taylor Swift rompía Youtube con el videoclip de su nuevo tema, Bad Blood, que cuenta con 124 millones de visualizaciones y subiendo. Un presupuesto de producción de Hollywood invertido en efectos digitales, vestuario dominatrix y un casting que reúne a la cúpula de divas del momento como las modelos Cara Delevingne, Karlie Kloss y Cindy Crawford, la escritora, directora, actriz y guionista Lena Dunham, y otras cantantes como Selena Gómez, Ellie Goulding o Hayley Williams.

El contexto es el de una empastación de códigos asumidos por la tradición del cine de acción y explosiones propios de la era digital que hace pensar en las peleas de las chicas de Tarantino en Kill Bill, los entrenamientos de Los Juegos del Hambre (Ross, 2012), o aún más en un Sucker Punch de 4 minutos (Snyder, 2011). Cindy Crawford dirige una escuela de entrenamiento de guerreras que, lideradas por una Swift cyborg, lucharán por la venganza contra una Selena Gómez malvada y su ejército de enmascaradas, (es curioso como el concepto de cyborg aparece cada vez más y aunque puede que de forma inconsciente, ligado a los nuevos discursos artísticos en torno a la problemática de género).

La indumentaria y actitud dominatrix es una constante en todos los personajes. Tacones de aguja, botas por encima de la rodilla, mucha licra, corsés e incluso un par de estilismos a lo Milla Jovovich en El Quinto Elemento (Besson, 1997). Acostumbrados a que esta estética represente un falso empoderamiento femenino, una objetualización sexual más del cuerpo femenino enmascarada, la ecuación no se resuelve de la misma forma al ausentarse la figura masculina casi por completo (relegada en este caso a un tercer plano), o ni siquiera una interacción sexualizada entre los personajes femeninos.

Como los corsés del modisto Jean Paul Gaultier, cuyas estructuras no agresivas con el cuerpo (de la mujer y del hombre, pues los ha hecho para ambos) y sus pechos puntiagudos resemantizan esta pieza tradicionalmente opresiva del armario femenino, el videoclip de Bad Blood le da la vuelta a los códigos. El resultado es un empoderamiento canalla y con sentido del humor. No es el lugar para elaborar una tesis compleja, es un videoclip pop, pero es síntoma evidente de todo lo que está teniendo lugar ahora alrededor del debate en torno al género. Y es significativo porque no lo está diciendo Grimes (1988), ni Lorde (1996), músicos (¿músicas?) de las que veo relevante apuntar su fecha de nacimiento, ni siquiera Laura Jane Grace, vocalista y guitarrista de Against Me!, banda de la que debería hablarse mucho más por crear el primer LP de punk dedicado enteramente a la problemática trans que ella experimenta en primera persona.

Swift, niña pródiga del country, se reconvirtió a un pop sin medias tintas desde hace ya dos larga duración. Ya desde entonces pasó a ser apodada por los medios como la anti-Britney. Y es que pertenece a una generación de jóvenes mujeres, célebres en sus respectivos campos artísticos por demostrar una madurez inédita en este perfil de personaje, si atendemos a los excesos de las Britneys, las Lindsay y las Rihannas. Aquella, una generación que pierde lentamente carisma por no adaptarse a las nuevos estándares de espontaneidad y madurez que ha traído la era 2.0 (aunque la marca Rihanna experimenta un nuevo camino de regeneración que el tiempo dirá si da resultado).

Además esta nueva generación de chicas artistas y centradas ha traído una escandalosa moda para la prensa femenina: la valentía de autodenominarse feministas. Swift dudó al principio, pasó de rechazar el término para después abrazarlo reconociendo que no había comprendido realmente lo que significaba. Y aunque esta tendencia ha remachado la despolitización del feminismo culminada por el colectivo Femen, ha creado para el mismo un bonito escaparate que está aportando a la lucha por la igualdad entre sexos (y géneros) una visibilidad y una publicidad desconocida hasta entonces.

Lena Dunham dio al mundo la primera temporada de Girls, la renovación necesaria de la ficción televisiva de mujeres en boca de la HBO. Delvinge y Crawford tomaron parte activa pancarta y megáfono en mano, en la manifestación feminista de Chanel, uno de los números de Karl Lagerfeld en el que éste se valía de la iconografía de reivindicación a falta de un contenido real, como presentación, eso sí, de una elecuente colección de prêt-à-porter. Emma Watson (no presente en el video, no nos confundamos que no es su estilo) es embajadora de la ONU para el proyecto HeForShe. Son sólo algunos ejemplos sonados de este fenómeno que acumuló titulares en la prensa femenina durante 2014.

Según este Bad Blood entramos en una nueva fase inexplorada de empoderamiento femenino en el que la alianza entre sujetos, tal vez para algunos sólo entre mujeres, es la clave. Algo tiene que ver con la tercera ola feminista, algo. Pero más aún con Madonna, con los tacones de aguja y los corsés de Jean Paul Gaultier y con un pelirrojo furia. Las brujas del medievo calzan ahora kalashnikovs y los hombres brillan por su ausencia. Quedamos a la expectativa de cómo se desarrolla este escenario de guerra en el lado comercial de la regeneración de la discusión por la igualdad.

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Perder las batallas, ganar la guerra: la Mala Sangre de Swift y sus secuaces