Make Paris Great Again by Chanel

En 1930 Hemingway olvidó en hotel Ritz de París un portaequipajes de Louis Vuitton. Éste dormitó en el sótano del edificio durante más de veinte años hasta que su legítimo dueño pudo recuperarlo. Cuenta la anécdota que Hemingway estaba comiendo allí cuando un responsable de hotel se acercó y le informó sobre la existencia del portaequipajes, que fue rescatado de las entrañas del hotel. Dentro se hallaban las notas autobiográficas que se convertirían en el título póstumo del escritor, Paris est une fête (París era una fiesta, en la versión en castellano).

El 13 de noviembre de 2015, 50 años exactos después de la publicación de la última obra de Hemingway, el corazón de la capital francesa sufría el peor ataque terrorista de su historia. Como respuesta al estremecimiento que recorría el país, el título de Hemingway sería reivindicado como recordatorio necesario de la auténtica identidad parisina, tan ligada a la libertad individual y artística, sensible a debilitarse por el miedo. Paris est une fête fue escrito en los tiempos en los de Gertrude Stein, Ezra Pound o Scott Fitzgerald, y alrededor de estas figuras retrata el pulso de la ciudad en los años 20.

Creo que me repito constantemente en las entradas de este blog defendiendo el carácter político de la moda, y la mayoría de las veces pienso que la claridad del mensaje se diluye en las palabras. Cuando digo que la moda es política pienso en las relaciones socioeconómicas que se derivan de su proceso de diseño, y de la gestión de su producción, cómo el derecho internacional y el mercado influyen en ella desde que un diseñador belga con formación de arquitecto rasga el papel con el lápiz, hasta que en rebajas las prendas de Inditex alfombran el suelo de sus establecimientos. Pero también en cómo cada ciclo de la moda se inscribe en un contexto histórico e interactúa con la sociedad de su época, o mejor dicho, sirve de modo de interactuación para la sociedad de su época. Pero también existe la posibilidad de que la moda tenga intencionalidad política de forma deliberada.

Karl Lagerfeld decidió convertir Paris Cosmopolite, la colección Pre Fall 2017 de Chanel, en una reivindicación de la esencia parisina entendida como la alegría del lujo, el orgullo de lo elitista y exquisito. Escogió el hotel Ritz, como escenario para su presentación. Un lugar que no sólo sirvió para almacenar la obra de Hemingway, sino que fue casa de Gabrielle Chanel durante más de treinta años hasta la fecha de su muerte. Al hacer regresar Chanel al Ritz, Lagerfeld le hace volver al hogar, reclama una parte de su identidad para una colección que es un auténtico himno nacional en contra del miedo, una llamada al orgullo parisino, al lujo, la sofisticación y la alegría del chic parisino.

A veces el azar funciona así. Dos textos, el de Hemingway y la colección de Lagerfeld, que sirven a un mismo propósito; insuflar aliento al carácter parisino, y que nacen, por casualidad, en un mismo lugar, el hotel Ritz. Y así, Chanel era también una fiesta. Una fiesta con música, baile, con varias generaciones de modelos en un casting que reflejaba la intención de Chanel de encarnar el signo de un tiempo cambiante. Una intención que no estaba tan clara en las prendas, que se valían de las viejas siluetas de los años 20 y 30, de una sofisticación anticuada, para romper una lanza por el París de hoy.

Los tiempos cambian, así lo hacen también las ciudades y el concepto de lujo. Tal vez París también merezca sobrevivir a su propio retrato de elegancia, identificarse con su imagen contemporánea, que se le reconozca su valor en el mundo de hoy, no en el de antaño. Chanel, sin embargo, parece haberse quedado por detrás de esta ola. Su gramática está prestada de otra época, la silueta ignora al cuerpo y sus necesidades, permanece inmune al movimiento. Algunas salidas parecen obras pictóricas, retratos de nobles del siglo XVI, como Isabel Clara Eugenia sepultada bajo capas de tejido, color negro y perlas en un retrato de Rubens.

Chanel Métiers d'Art 2016
Chanel Métiers d’Art 2016
Hace tiempo, desde que Chanel adquiriese los talleres de alta costura ya en tiempos de Lagerfeld, que su moda se basa en el virtuosismo de las manos de sus artesanos. La necesidad del manierismo, casi a extremos de horror vacui, los bordados maravillosos, las incustraciones y los brochados, precisan de telas gruesas y rígidas que soporten su peso. Los tejidos acaban haciendo un efecto pantalla, que oculta el cuerpo y que se aleja de los cánones de liberación femenina y comodidad que inspiraron la moda Chanel en sus albores.

Enfrascada en sus propios códigos, en una revisión infinita, parece no hacer pie en la realidad del mundo. Lagerfeld, que nació en Hamburgo tres años después de que Hemingway olvidase su equipaje en el subsuelo del Ritz, lleva más de treinta al frente de la dirección creativa de la maison. Es un hombre de orígenes acomodados, culto, letrado, excelentemente asesorado, y todo un superviviente. En un tiempo en el que las relaciones son frugales entre diseñadores y firmas, no hay nadie que parezca poder apartarlo del que es probablemente el trono más codiciado y exigente de la industria de la moda. Todo a pesar de las palabras del presidente de moda de la maison, Pavlosky, quien ha declarado que la firma necesita más agilidad para afrontar los cambios del mundo actual, después de una bajada de las ventas en el mercado europeo tan sólo compensada con la apertura al mercado asiático. Dicha apertura basó la globalización de los precios de Chanel en una igualación por arriba de los precios en el mercado europeo. Unas decisiones que tal vez sólo serían posibles gracias a la independencia de la firma en su gestión, en una época en la que casi todas las marcas premium o de lujo pertenecen a grandes holdings de lujo que dirigen sus actividades y estructuras corporativas.

Un superviviente a pesar de que los rumores de su inminente retirada sacuden las redacciones de moda, que acumulan decenas de borradores para cubrir el acontecimiento. Todos pensamos que sería Cuba la fecha indicada, el primer desfile de la firma en la isla, coincidiendo en el tiempo con la retirada del bloqueo económico por parte de Estados Unidos. Pero nos equivocamos. Lagerfeld ha sobrevivido también a Fidel, y no parece pensar en la jubilación. Se mantiene a flote en estos tiempos convulsos y de crisis sociopolítica, intentando asimilarlos y hacer que Chanel siga significando algo en ellos. Pero que la nueva etapa de la historia se haga factible en el mundo de la moda pasa, necesariamente, por el cambio de rumbo en Chanel.

Make Paris Great Again by Chanel