Digitalizar la flora: De Haraway a Carolina Herrera

La mujer de hoy no tiene porqué ser femenina si no quiere. Esa es la verdadera consecuencia del divorcio entre género y sexo, o género y cuerpo si se prefiere. La feminidad es sólo una posibilidad a nuestro alcance que no requiere compromiso. Podemos volver a colgarla en el armario. Tampoco es exclusiva de las mujeres.

Sin embargo, la feminidad existe. Toda construcción social lo hace. Tan sólo ya no tiene porqué ser una obligación, los pétalos se descomponen sobre nuestra piel, es un conjunto de atributos sociales al alcance de todos. Podemos ser lo que queramos ser. Hemos ganado la autonomía para decidir sobre nuestra identidad, y es de identidad en definitiva de lo que trata la moda.

Carolina Herrera, colección RTW SS'15. Semana de la Moda de Nueva York.
Todas las fotos son de Carolina Herrera, colección RTW SS’15. Semana de la Moda de Nueva York.

El Nuevo Feminismo Cultural que se expande como la pólvora por las redes sociales, que está tomando la imagen como punto de partida y que está inundando los canales de distribución de información más convencionales como la televisión o la prensa de moda, no está en guerra con la feminidad ni con las formas delicadas. No mientras se dé por hecho la igualdad entre todos los individuos. No mientras decidir sobre tu identidad sea un derecho.

Escoger la flor como fuente de inspiración es probablemente lo menos original que puede hacer un diseñador de moda. Por saturación, porque sus colores, formas y texturas han servido de concepto en un sinfín de colecciones, o por respeto, puesto que del extenso repertorio ya han salido piezas que han quedado en la memoria colectiva del mundo de la moda como hitos. La colección Corolla de Christian Dior supuso una forma simbólica de devolver las flores a las mujeres después de la moda utilitaria de la II Guerra Mundial, su atributo de feminidad. Al relacionar flores y moda, se piensa automáticamente en ella.

herrera10

Carolina Herrera sabía que de hacerlo tenía que ser una declaración de intenciones. Por ello en septiembre del año pasado presentó en la Semana de la Moda de Nueva York uno de los discursos más elocuentes que se han visto en los últimos tiempos, con vistas a la primavera que ahora estamos estrenando.

La confección de las prendas, en su mayoría espectaculares vestidos de largo o elegantes piezas de cocktail, nada tenía que envidiar a la alta costura. Con una definición de líneas minimal, arquitectónicos volúmenes se construían entorno al cuerpo en la tendencia de las formas más modernas del diseño de moda. Flores de estética foto realista se estampaban sobre un tejido espumoso para después descomponerse irregularmente en píxeles, duplicados o fallos de color propios de la imagen digital.

herreraherrera7

Carolina Herrera llevaba la flor, símbolo universal de feminidad y delicadeza, al mundo de las pantallas y la tecnología de la imagen digital.

Mientras que la imagen analógica no puede existir sin la existencia de un referente real, la imagen digital puede ser eminentemente virtual, puede surgir de la nada, totalmente desligada de lo concreto del mundo físico.

herrera8

Con la descomposición de las flores en píxeles, unidad mínima de la imagen digital, Herrera nos hace dudar de su fisicidad, hace hincapié de la condición de irrealidad de la imagen hiperrealista que nos presenta. Y descomponer la flor, sinónimo del atributo femenino, nunca puede ser algo arbitrario.

El género femenino se desliga del cuerpo de la mujer al tiempo que la imagen digital lo hace de su referente. Carolina Herrera no es Westwood ni Jean Paul Gaultier. No coloca faldas a hombres ni viste a las mujeres de marinero. De hecho es una de las supervivientes de la elegancia femenina más clásica, del esplendor del oficio de modista de los años 50 (no literalmente pues empezó a edad tardía en el mundo del diseño). Pero el caldo de cultivo que sirven los tiempos que corren, el resurgir del debate en torno a las categorías binarias de lo masculino y lo femenino, e incluso con Lagerfeld montando manifestaciones teatrales en pleno desfile de Chanel en la semana de la moda de París, han hecho que haya sido precisamente ella la que mejor haya expresado en forma de arte esta problemática. De forma sutil, elegante, inteligente y también femenina.

herrera2 herrera3 herrera5 herrera6 herrera14 herrera11

herrera9 herrera15 herrera12  herrera13 herrera16

La capacidad de decidir sobre uno mismo es hoy tema habitual en las pasarelas. Las de Primavera-Verano del septiembre pasado lo dejaron claro. El número de la manifestación de Lagerfeld para Chanel era sólo un complemento para una colección que esgrimía el derecho a vestirse como se quiera. Incluso más evidentes han sido las colecciones de moda masculina este invierno, donde el alegato era que mientras fuese inteligente, todo estaba permitido (de ello hablaba en un artículo en Harlan Magazine).

Puede que nadie más haya visto oportuno hablar de ciberfeminismo a partir de una colección así, pero las ideas están ahí, y esta colección no podría haber tenido sentido hace diez años, incluso dudo que pudiese tener lugar. De nuevo, las ideas están ahí, hablemos de ellas.

spotify:track:2AAf5oM9Jr58b7pCbZni0E

Anuncios
Digitalizar la flora: De Haraway a Carolina Herrera

Iris van Herpen: El apagón analógico del diseño de moda

“Hubo flashes lucidez (…). Pero van Herpen tiene aún que esbozar una visión clara de cómo trasladar sus ideas conceptuales a una marca viable de pret-à-porter.” Era una sentencia difícilmente reversible con la que Joelle Diderich cerraba su crónica del desfile de la colección Hacking Infinity, presentada por Iris van Herpen en el marco de la semana de la moda de París, para Women’s Wear Daily,el que podríamos llamar New York Times del mundo de la moda.
Los volúmenes redondos que envolvían el cuerpo de las modelos, el acero transparente y ondulante sobre sus torsos y los pliegues y los puntiagudos intrincados resultantes de la impresión 3D, habían acabado por convencer a la periodista de que, si bien aquello también era moda y como tal era válido, no cumplía como colección de ready to wear. Lo que diferenciaba a las prendas de van Herpen de piezas de museo o de un experimento de ciencias amateur era la falta de salidas en el mercado, o lo que es lo mismo, que alguien quiera vestirlas.

Iris Van Herpen RTW Fall 2015
Fotografías correspondientes a la colección Hacking Infinity por Giovanni Giannoni para WWD.

Voz experta y con derecho a expresar cualquiera que fuese su opinión, Diderich no estaba haciendo más que ponerle puertas al campo. Nada raro por otra parte, que la voz de la racionalidad emerja recordando criterios básicos de mercado cuando en cualquier tipo de arte alguien lleva las cosas un paso más allá del habitual.
Hacking Infinity es a priori una colección hermética y poco intuitiva que desarrolla el concepto de terraforming, proceso mediante el cual se transforma la biosfera de otros planetas para hacerla similar a la de la Tierra. En la primera pieza de la colección se encontraba el embrión de la idea, un top transparente de acero se arrugaba formando ondas brillantes, a conjunto, una falda blanca modelada mediante impresión 3D con un intrincado de panel de abejas. He aquí los dos elementos que llevaríamos en primer lugar a terreno extraterrestre para reproducir las condiciones de vida terrícola: el agua y nuestra tecnología. Como resultado, un futurismo aséptico propio de la que es diseñadora de Björk (arte y gira del álbum Biophilia y el recién estrenado Vulnicura). A medida que avanzaba la colección se alternaban vestidos, monos y conjuntos de dos piezas de orientalismo minimalista con vestidos de cocktail más complejos realizados mediante impresión 3D.

Iris Van Herpen RTW Fall 2015
Primera pieza de Hacking Infinity.

Y es que la holandesa diseña para el futuro. Resulta difícil creer cómo, con la tecnología ya desarrollada, el diseño mediante impresión 3D no está más extendido. Más aún en alta costura, donde por el contrario la preocupación más reciente ha sido salvar del naufragio los talleres de artesanos y las técnicas más tradicionales (sirvan como ejemplo Chanel y Valentino).

“No hay implicación de las manos en todo el proceso salvo el trabajo por ordenador. Pero para mí la técnica es tan inspiradora que puedo crear más formas y complexiones distintas que cuando trabajo con mis manos”

Explicaba van Herpen en una entrevista para Interview Magazine. Seguramente, como ocurre en otros campos como la fotografía o la ilustración, habrá afrontado críticas acerca de cómo la producción de moda por medios digitales no merece tal nombre.
La impresión 3D hace a Iris van Herpen trabajar en colaboración con artistas de otras disciplinas como arquitectos. Su moda es realmente transdisciplinar. Estas colaboraciones surgen de su curiosidad por la ciencia, el estudio del universo, las partículas subatómicas, y también por el desarrollo de nuevos tejidos, un trabajo de experimentación que le ha llevado a reinventar la materia de la moda, y renovarse así en cada nueva colección. Iris van Herpen ha esculpido vestidos, moldeado por medios digitales, incluso instalado dispositivos motorizados en sus prendas, y aún así el resultado siempre transmite dinamismo puesto que a ella lo que le interesa es el movimiento, tal vez porque su primera vocación fue convertirse en bailarina.

Iris Van Herpen RTW Fall 2015
Es evidente que van Herpen no es una diseñadora al uso. Sus creaciones propician antes colecciones en museos de arte contemporáneo como la que alberga actualmente el Palais de Tokyo en París, que una colaboración con H&M. Es por ello que medios como el WWD le hayan podido restar en algún momento algo de credibilidad, pero sus prendas no dejan de ser menos pragmáticas sólo porque ellos lo hayan decidido así. Es lo que ocurre en cualquier forma de arte cuando uno se sale de la convención. Como estudiante de Comunicación Audiovisual he podido comprobarlo en el cine, donde hay ciertas normas (de eje, de montaje, incluso de conceptualización de una idea) que te presentan como inquebrantables. Desde la escuela te niegan las demás posibilidades (que tal vez se pueda hacer una película sin filmar nada, que tal vez el celuloide no esté para filmar sino para arañarlo y perpetrarlo, que tal vez la tolerancia visual de los públicos tenga unos límites mucho más amplios de los que desde la Academia se les atribuyen).
Van Herpen ha tenido también diferencias con la academia. Ella no hace guiones. Es decir, no hace mood boards, ni si quiera diseña figurines. Sobre su forma de trabajar explica:

“La forma tradicional de diseñar que aprendes en la academia (primero haces un dibujo, luego encuentras tus materiales, después comienzas a crear) es un proceso muy aburrido para mi; sabes cuál va a ser tu colección cuando comienzas a producirla. La forma en la que trabajo tiene mucho que ver con la experimentación. Tengo algo en mi mente, y a menudo viene de un material. Mayoritariamente comienzo buscando materiales que me gustan, o los desarrollo por mi cuenta en el taller.”

De momento Iris van Herpen es un bicho raro en el mundo de la moda. Por el desarrollo de las tecnologías digitales todo parece indicar que el tiempo acabará por darle la razón y más diseñadores entrarán en este tipo de dinámicas de creación y producción. Por el momento, sólo otros bichos raros, extraordinarios bichos raros por otra parte, como Björk, y las esferas de arte contemporáneo, lucen y se hacen eco de su trabajo más allá de las pasarelas. Sin embargo es de la mano de diseñadores como van Herpen, como en su día lo hizo Issey Miyake, como la moda avanza realmente y explora terrenos nuevos más allá del bucle temporal de tendencias que la caracteriza. Más que una diseñadora de vanguardia como la han llamado en varios medios, su precocidad frente a sus colegas hacen de Iris van Herpen una diseñadora del siglo XXII.

Iris Van Herpen RTW Fall 2015

Iris Van Herpen RTW Fall 2015 Iris Van Herpen RTW Fall 2015

Iris van Herpen: El apagón analógico del diseño de moda